Palmazos refrescantes

A veces cuando estoy más concentrado en leer  a Guillermo Apollinaire o tratando de buscar mi casa de Lámud en Google Earth no falta un voluntarioso que me saca de  mi abstracción dándome una palmada o llamándome para cualquier estupidez. ¿Saben lo que me parece raro, extraño y maravilloso? Que ese diligente compañero no lo haga mientras esté atendiendo a un usuario, en cuyo caso se lo agradecería muchísimo. 

Cuando uno despeja su mente en cosas productivas, entiéndase el término dentro del contexto personal e individual, lo que menos  se desea que un atildado empleado lo toquetee en la espalda o le pase la voz saludando.

-¿Qué no ves que estoy  viendo pornografía en caracteres ASCII?

Y uno espera esos momentos con ansia, cuando el jefe se fue de paseo, cuando no está alguno de sus esbirros dateros, cuando ningún usuario borrico llama para sumergirse en el placer de ver los perfiles en facebook de las  antiguas compañeras de clase primaria, tal vez encuentre a una ya pasados los años divorciada, separada, con muchas ganas de encontrarse conmigo y revivir aquellas lecturas del libro Pablito, pero esta vez  acurrucados desnudos en un hospedaje de Huacho, porque los que ya tenemos edad vamos de frente al grano.

Entonces, de pronto, alguien grita en tu oído, te golpea la espalda, te volteas con la firme intención de descalabrar de un puñetazo al imbécil y ves su estúpida cara  sonriendo, así alegre, campechana, tal como le han enseñado en los seminarios de estimulación tardía motivacional al que la empresa nos envía de vez en cuando para acojudarnos más.

-Que tal Manuel, ¿Cómo vas? ¿Todo bien?

Las normas, las buenas costumbres, el taller de buen comportamiento, las normas BASC y el  miedo nativo de perder mi puesto me obligan a reprimir mis impulsos con el consiguiente efecto post-traumático, porque es seguro que el asesino del Zodiaco era un ser muy paciente al que no permitían matar a sus colegas de oficina. Entonces solo me queda responder amablemente.

 -No me ves  “todo bien”, ¿qué mierda quieres ahora?

Nada Manuel  solo quería saludarte y desearte Feliz Navidad.

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